El estudio de casos realizado en el proyecto de investigación sobre las redes que operan en el marco de la cooperación descentralizada para el desarrollo humano local, ha contado con un apartado  que ha atendido específicamente el estado y avances en materia de género dentro de la red. Concretamente se ha realizado un proceso de identificación y se ha propuesto un marco de reflexión desde el enfoque de procesos de cambio organizacional Pro-equidad de género.

Esta primera fase del estudio se ha enfocada en conocer el funcionamiento de siete redes  con el fin de desarrollar las claves para fortalecer la comunicación e intercambio de conocimientos en el sector de la cooperación descentralizada en Andalucía. Para ello ha partido de cuatro grandes bloques: eficiencia, autonomía, sostenibilidad y capacidad de extensión. Dentro de la sostenibilidad está la categoría de género que es trasversal a todo el funcionamiento de la red y considerada uno de los elementos prioritarios del proyecto.

Por lo tanto, es importante poder extraer aprendizajes significativos para la incorporación de la perspectiva de género por dos motivos principales. El primero es contribuir a la toma de conciencia de la existencia de dinámicas que favorecen la reproducción de desigualdades de género y comportamientos discriminatorios en materia de género. Y el segundo es el impulso de la generación de una mayor capacidad, de las organizaciones y las personas que conforman las redes analizadas, para detectar desigualdades de género, así como la incorporación de la perspectiva de género en el día a día de las organizaciones.

Tras la primera fase de análisis, según señala la asesora experta en género del proyecto, se ha detectado que si bien es cierto que las siete redes analizadas, al igual que sus organizaciones miembros “son implícitamente proclives a implicarse activamente por la transformación social en las relaciones de género, promocionando un lenguaje inclusivo,  en la medida de sus posibilidades velando por un sistema de representación paritario y dando cabida a las voces y necesidades de mujeres dentro de las organizaciones, es importante visibilizar que aún existe la necesidad de seguir incorporando las voces, necesidades, prioridades y representación de las mujeres en los órganos decisivos, en las agendas de las mismas”.

Por lo tanto, añade, “que desde una dimensión de responsabilidad social y política se observa que a pesar de tener reconocidos ciertos mecanismos de control y cierta voluntariedad, en algunas de las Redes,  se constata la falta de estructuras, mecanismos, acciones y recursos propios para evaluar y avanzaren las cuestiones de género que nos ocupan”. 

Entre las propuestas para avanzar en la incorporación de una cultura pro-equidad de género en las redes de conocimiento, se  precisa partir de tres premisas clave que serían (1) el análisis de género, (2) la transversalidad de género y (3) las acciones específicas de género. La primera consiste en asumir que las redes no son neutras, están condicionadas por un sistema patriarcal que sostiene un determinado sistema de valores y estructuras de poder. La segunda indica la necesidad de valorar las implicaciones de las acciones que hombres y mujeres desde sus posicionamientos sociales y áreas de trabajo tienen para conseguir sus intereses y la necesidad de que todos los procesos contemplen estos elementos. Y por último, la tercera señala la necesidad de definir estructuras, mecanismos, acciones y recursos específicos de género y hacer seguimiento de su impacto.

Para la segunda fase del proyecto, que comenzará sus primeras actividades  en el mes de marzo de 2019, se profundizará en la identificación de los procesos que permitan avanzar en la cultura pro-equidad de género evaluando las dimensiones sobre la estructura de las redes, sus reglas y la disposición de recursos contemplados para dichas acciones.

fuente: Informe bb.pp. con enfoque de Género. Redes de Conocimiento y Cooperación Descentralizada (2018) (Begoña Gallardo)